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🎵 Música · 🤔 ¿Por qué…?

¿Por qué la guitarra española tiene seis cuerdas y se afina mi-la-re-sol-si-mi?

Sus cuerdas son el resultado de siglos de tanteos entre músicos y artesanos. La afinación facilita el trabajo de la mano; Antonio de Torres dio al instrumento su gran voz.

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Guitarra española abierta que muestra los refuerzos en abanico, con instrumentos antiguos y herramientas al fondo.

En 1862, Antonio de Torres construyó una guitarra con el fondo y los aros de cartón piedra. La tapa era de madera. Aquel instrumento, conservado en el Museu de la Música de Barcelona, parece una provocación de taller: el material menos solemne del mundo metido en un instrumento de concierto.

Pero Torres no decidió que la guitarra tuviera seis cuerdas. Eso venía de antes. Las seis se impusieron como una solución práctica para combinar bajos, melodías y acordes; la afinación mi-la-re-sol-si-mi facilita que una sola mano pueda gobernarlo todo. No hubo un inventor que aprobara el modelo definitivo: hubo siglos de pruebas y dedos buscando acomodo.

Antes de las seis cuerdas simples: los órdenes dobles

En la España del siglo XVI convivían instrumentos de cuerda pulsada como el laúd, la vihuela y distintas guitarras. Conviene verlos como parientes, no como una fila de antepasados que se transforman limpiamente unos en otros. La historia de los instrumentos tiene más ramas que una genealogía de reyes.

La vihuela solía tener seis órdenes. Un orden es un grupo de cuerdas que se toca como una unidad: frecuentemente una pareja, aunque también podía ser una cuerda sola. Por eso, seis órdenes no significan necesariamente seis cuerdas. Los laúdes también empleaban órdenes, cuyo número cambió con las épocas.

Durante el Barroco se extendió la guitarra de cinco órdenes. Sus cuerdas podían combinar unísonos y octavas, con distintas disposiciones según el lugar y el repertorio. Acompañaba danzas y canciones, pero también tenía música solista exigente: no era simplemente una guitarra moderna a la que le faltaba algo.

Entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX se consolidó la guitarra de seis cuerdas simples. La transición incluyó instrumentos de seis órdenes dobles. El uso de cuerdas simples reducía el número de cuerdas que había que afinar; la incorporación de una sexta cuerda grave ampliaba el registro. Así fue asentándose el instrumento que reconocerías hoy.

El «si» que le ahorra gimnasia a tu mano

Leídas desde la cuerda más gruesa y grave hasta la más fina y aguda, las notas al aire son mi, la, re, sol, si y mi. «Al aire» significa sin pisar ningún traste. La rareza está entre sol y si: ese salto es más pequeño que los demás.

De mi a la, de la a re, de re a sol y de si a mi hay una cuarta justa: cinco semitonos. De sol a si hay una tercera mayor: cuatro semitonos. En el diapasón puedes comprobarlo: normalmente necesitas avanzar cinco trastes para alcanzar la nota de la siguiente cuerda; en ese punto bastan cuatro.

¿Para qué romper la regularidad? Esa tercera permite colocar muchas notas de acordes habituales al alcance de los dedos y facilita digitaciones heredadas de la práctica musical. No vuelve fáciles todos los acordes —el principiante puede presentar una reclamación—, pero hace manejable la combinación de armonía, bajos y melodía.

Además, entre los dos mi extremos hay exactamente dos octavas. Esa coincidencia resulta útil para distribuir acordes por las seis cuerdas. Existen afinaciones alternativas, incluidas algunas enteramente por cuartas: funcionan, aunque obligan a aprender otros dibujos. La afinación habitual es un compromiso histórico, no una ley acústica.

Torres no puso la sexta: hizo crecer la voz

Antonio de Torres Jurado, nacido en Almería en 1817, fue decisivo para el diseño de la guitarra clásica moderna. Construyó instrumentos con una caja mayor que muchas guitarras anteriores y desarrolló una combinación muy influyente de proporciones, tapa fina y refuerzos interiores dispuestos en abanico.

Esas pequeñas barras de madera ayudan a sostener la tapa y condicionan cómo vibra. Las cuerdas transmiten su vibración a través del puente; la tapa y el resto del instrumento la convierten en un sonido mucho más eficaz que el de una cuerda aislada.

La guitarra de cartón piedra llevaba esa importancia de la tapa al terreno de lo tangible. Torres no necesitó añadir una séptima cuerda para cambiar la historia: le bastó con conseguir que las seis de siempre encontraran una caja con mucho más que decir.

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