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¿Por qué el cubo de Rubik no se desmonta cuando giras sus caras?

Parece una pila de cubitos, pero es una pequeña máquina de piezas encajadas. Su secreto está bajo los colores: un esqueleto que permite moverlo todo sin perder nada.

Ahora ya lo sabes3 min de lecturaCon mini-quiz

Ilustración de un cubo de Rubik parcialmente desmontado que muestra el núcleo y los encajes interiores de sus piezas.

Giras una cara del cubo de Rubik y las aristas y las esquinas de esa capa cambian de posición con un pequeño chasquido. Ninguno cae al suelo. Resulta bastante sospechoso: si aquello fuera una pila de cubitos independientes, el primer movimiento acabaría como una torre de dados sobre una mesa coja.

La respuesta está escondida bajo las pegatinas o el plástico de colores: las piezas tienen prolongaciones interiores que quedan retenidas por el mecanismo central y por las piezas vecinas. Pueden deslizarse al girar una cara, pero no salir hacia fuera durante el uso normal. No es una construcción de bloques; es un rompecabezas mecánico.

El cubito que falta está en el centro

Un cubo de tres por tres por tres parece necesitar 27 cubitos. Sin embargo, el Rubik clásico tiene 26 piezas visibles: seis centros, doce aristas y ocho esquinas. En el lugar del supuesto cubito número 27 hay un mecanismo que sostiene el conjunto.

Los centros son las piezas con un solo color, situadas en medio de cada cara. Cada uno está unido a un núcleo interior mediante un eje; puede girar sobre él, pero no intercambia su lugar con otro centro. Por eso, en un cubo clásico, los centros te dicen qué color corresponde a cada cara cuando está resuelto.

Las aristas tienen dos colores y las esquinas, tres. Son las piezas viajeras: al girar las caras, recorren distintas posiciones alrededor de los centros. Pero la parte que ves es solo su fachada. Bajo ella hay salientes y superficies curvas que hacen posible ese recorrido sin que el conjunto se desparrame.

Si pudieras mirar el cubo con rayos X, no verías 26 dados apretujados. Verías una estructura con huecos, patas y encajes. La forma exterior es muy cuadriculada; la ingeniería interior necesita curvas.

Un atasco diseñado para moverse

La idea se parece a la de un cajón con un tope: puede deslizarse, pero algo impide que salga por completo. En el cubo, las prolongaciones de aristas y esquinas quedan atrapadas dentro del conjunto. Sus superficies permiten el giro cuando una cara está alineada con las demás.

Al mover una cara, su centro gira sobre su propio eje y las cuatro aristas y cuatro esquinas que lo rodean cambian de posición. Las piezas vecinas y el mecanismo mantienen sujeto ese grupo durante el recorrido. El secreto no es pegar las piezas, sino darles una forma que permita ciertos movimientos y bloquee otros.

En muchos modelos, los tornillos y muelles de los centros regulan la presión del conjunto. Los cubos de competición afinan este sistema para reducir el rozamiento y facilitar los giros. Algunos añaden imanes que ayudan a alinear las caras: no son el pegamento mágico que sostiene el cubo.

¿Puede desmontarse? Sí. Si lo fuerzas o está demasiado suelto, una pieza puede saltar. También es posible desmontar muchos modelos a propósito. Que no se separe al jugar no significa que sea una caja fuerte: significa que sus encajes trabajan dentro de un margen previsto.

Rubik también tuvo que resolver su invento

En 1974, Ernő Rubik, arquitecto y profesor en Budapest, construyó el rompecabezas mientras exploraba estructuras y relaciones espaciales. El reto era conseguir que las partes de un cubo se movieran sin que el objeto perdiera su unidad. Los colores convirtieron aquella cuestión geométrica en otra bastante más personal: volver a ponerlo todo en orden.

Rubik comprobó que mezclarlo era mucho más fácil que resolverlo. Su propia creación le llevó semanas de trabajo hasta recuperar la disposición inicial. El inventor tenía el mecanismo bajo control; los colores, bastante menos.

Solicitó la patente húngara en 1975. El juguete empezó a venderse en Hungría en 1977 como Cubo Mágico y llegó al mercado internacional en 1980, comercializado por Ideal con el apellido de su creador.

Aquel mecanismo compacto admite más de 43 trillones de configuraciones alcanzables. Todas caben en el mismo objeto que sujetas con una mano. Lo que parece a punto de desmontarse está, en realidad, extraordinariamente bien organizado para desordenarte la tarde.

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