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Mito o realidad: solo usamos el 10 % del cerebro
Tu cabeza no tiene un 90 % de espacio desaprovechado. Las imágenes cerebrales muestran una actividad mucho más repartida, incluso cuando parece que no estás haciendo nada.
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Veredicto
Mito
Leer esta frase ya pone a trabajar sistemas cerebrales relacionados con la visión, el lenguaje y la atención. El veredicto es falso: no usamos solo el 10 % del cerebro. Que unas regiones estén más activas que otras en un momento concreto no convierte al resto en un almacén vacío. Tu cabeza no viene con nueve décimas partes pendientes de desbloquear.
La confusión mezcla dos ideas distintas: utilizar el cerebro y activar todas sus células a la vez. Lo primero ocurre a lo largo de nuestras actividades cotidianas; lo segundo no es un objetivo deseable. Una orquesta necesita que sus instrumentos entren cuando corresponde, no que todos toquen a máximo volumen durante todo el concierto.
Una cifra redonda y un padrino involuntario
El mito no tiene un único nacimiento perfectamente identificado, pero sí una pista célebre. El psicólogo estadounidense William James defendía, a comienzos del siglo XX, que las personas aprovechaban solo una parte de sus recursos mentales. Hablaba del potencial humano, no de un porcentaje de tejido cerebral apagado.
El salto a una cifra concreta aparece en un lugar muy poco parecido a un laboratorio. En 1936, Lowell Thomas escribió una introducción para Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, de Dale Carnegie. Allí atribuyó a James la idea de que una persona media desarrollaba solo el 10 % de su capacidad mental latente.
Capacidad mental no equivale a cantidad de cerebro utilizada. Puedes mejorar una habilidad, aprender un idioma o entrenar la memoria sin poner en marcha una porción anatómica que antes estuviera fuera de servicio. Pero la cifra era sencilla, memorable y tentadora: prometía un enorme tesoro escondido dentro de cada cráneo.
La divulgación popular y, después, la ficción ayudaron a convertir aquella promesa en una supuesta verdad biológica. Si además añades poderes extraordinarios al desbloquear el porcentaje restante, ya tienes argumento para una película. El problema empieza cuando el guion se toma por un manual de neurociencia.
Las manchas de colores no son un contador
Las técnicas de neuroimagen permiten observar la estructura del cerebro y estudiar aspectos de su funcionamiento. La resonancia magnética funcional detecta cambios relacionados con la oxigenación de la sangre, asociados a la actividad neuronal. No fotografía pensamientos ni cuenta directamente cuántas neuronas están encendidas.
La tomografía por emisión de positrones, o PET, utiliza sustancias marcadas radiactivamente para estudiar procesos como el metabolismo. Son ventanas diferentes a lo que sucede dentro del cráneo. Sus resultados muestran actividad distribuida y cambios según la tarea, no un pequeño islote trabajador rodeado por un continente inútil.
Entonces, ¿por qué algunas imágenes enseñan solo unas manchas coloreadas? Porque suelen destacar diferencias entre condiciones: por ejemplo, entre realizar una tarea y una situación de referencia. Lo que no aparece resaltado no tiene por qué estar inactivo. Es como señalar qué ventanas han aumentado su luz, no contar todas las habitaciones donde hay alguien.
Hasta cuando paras, sigue el turno de noche
El reposo tampoco deja el cerebro a cero. En 2001, Marcus Raichle y sus colaboradores describieron un modo de funcionamiento cerebral por defecto, asociado a regiones cuya actividad disminuía durante determinadas tareas exigentes. La llamada red por defecto participa en procesos como recordar y pensar sobre uno mismo.
Además, mantener el organismo en marcha exige trabajo continuo: regular funciones corporales, procesar señales y coordinar movimientos. Las lesiones también ofrecen una prueba contundente. Dañar distintas zonas puede alterar el habla, la visión, la memoria o la conducta; no existe ese enorme territorio sobrante que el mito promete.
El presupuesto energético termina de poner la cifra en su sitio. En un adulto en reposo, el cerebro representa aproximadamente el 2 % del peso corporal, pero consume alrededor del 20 % de la energía. Para ser un órgano que supuestamente tiene casi toda la plantilla de vacaciones, presenta una factura de luz bastante sospechosa.



