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🏛️ Historia · 🤔 ¿Por qué…?

¿Por qué octubre de 1582 perdió diez días en España?

Una reforma impulsada por el papa Gregorio XIII hizo saltar el almanaque del 4 al 15. Había que corregir un error diminuto que llevaba siglos acumulándose.

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Un calendario antiguo con diez hojas desprendidas y un reloj de arena que sigue corriendo.

El jueves 4 de octubre de 1582 terminó en España como cualquier otro jueves. Pero el día siguiente fue viernes… 15 de octubre. Las fechas del 5 al 14 no existieron aquel año en el calendario oficial. Nadie envejeció diez días mientras dormía: lo que saltó fue la numeración del almanaque.

La explicación es sencilla: el calendario juliano se había desajustado respecto al año solar. La reforma promovida por el papa Gregorio XIII retiró diez fechas para volver a sincronizarlos y cambió las reglas de los años bisiestos. Fue una puesta en hora del calendario, no un agujero en el tiempo.

El pequeño error de Julio César

El calendario juliano, introducido por Julio César y aplicado desde el año 45 a. C., organizaba el año en 365 días y añadía uno cada cuatro años. Así, la duración media del año quedaba en 365 días y un cuarto. Una solución bastante buena, pero no exacta.

El año tropical, que marca el ciclo de las estaciones, dura aproximadamente 365 días, 5 horas y 49 minutos. El calendario de César se pasaba unos once minutos cada año. Parece poca cosa: apenas lo que tardas en preparar un café y beberlo sin quemarte.

Pero el error se acumulaba. Al cabo de unos 128 años, el desfase rondaba un día. Tras muchos siglos, las fechas del calendario y el ritmo de las estaciones habían dejado de caminar al mismo paso.

Esto preocupaba especialmente a la Iglesia porque la fecha de la Pascua dependía de la primavera. Su cálculo utilizaba como referencia el 21 de marzo y unas reglas eclesiásticas para la luna llena. En el siglo XVI, el equinoccio astronómico ya caía alrededor del 11 de marzo: diez días antes de la fecha de referencia.

Diez fechas fuera y una regla nueva

Gregorio XIII promulgó la reforma en 1582 mediante la bula Inter gravissimas. El proyecto recogía la propuesta del médico y astrónomo Luigi Lilio, que había muerto antes de verlo aprobado. El jesuita y matemático Christopher Clavius fue uno de sus grandes defensores y explicó sus fundamentos.

Se decidió eliminar diez fechas para recuperar la posición del equinoccio asociada a la época del Concilio de Nicea, celebrado en el año 325. No se pretendía corregir todo el desfase desde Julio César, sino devolver el calendario a esa referencia histórica.

En España, Portugal y varios Estados italianos, entre otros territorios, el cambio llegó en octubre: después del jueves 4 vino el viernes 15. La sucesión de los días de la semana no se interrumpió. El jueves tuvo su viernes, aunque entre ambos números pareciera haber un precipicio.

Para que el problema no regresara, se afinó la norma de los bisiestos: los años divisibles entre cuatro llevan un día extra, salvo los años de siglo, que solo lo llevan si también son divisibles entre 400. Por eso 1900 no fue bisiesto en el calendario gregoriano y 2000 sí.

El nuevo sistema tiene 97 años bisiestos por cada 400 años, frente a los 100 del juliano. Su año medio dura 365,2425 días: mucho más cerca del ciclo de las estaciones.

Una reforma que no entró en todas las casas a la vez

Una cosa era ajustar el calendario y otra aceptar una medida llegada de Roma. En una Europa dividida por la Reforma protestante, la religión y la política pesaban tanto como los cálculos astronómicos. Los países católicos tendieron a adoptar antes el cambio; muchos territorios protestantes y ortodoxos tardaron bastante más.

Gran Bretaña y sus colonias lo hicieron en 1752. Allí, al 2 de septiembre le siguió el 14: ya había que retirar once fechas, porque el desfase había seguido creciendo. Rusia adoptó el calendario gregoriano para uso civil en 1918, cuando la diferencia era de trece días.

Suecia intentó una transición gradual y acabó deshaciendo el intento. Para volver al calendario juliano añadió un día extraordinario a febrero de 1712, que ya era bisiesto. El resultado fue una fecha auténtica que parece una errata: 30 de febrero.

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