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🌍 Geografía · 🤔 ¿Por qué…?

¿Por qué el desierto de Atacama es tan seco si tiene el océano al lado?

El Pacífico está ahí, pero la lluvia necesita algo más que agua cerca. Una corriente fría, el aire que desciende y dos barreras montañosas dejan el grifo casi cerrado.

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Ilustración de Atacama entre el Pacífico con niebla costera y los Andes, con una malla que recoge gotas de agua.

En 1835, Charles Darwin desembarcó en Iquique, hoy en el norte de Chile. Llegó por el Pacífico y encontró una población encajada entre el mar y unas laderas desérticas. Agua hasta el horizonte por un lado; terreno pelado por el otro. Atacama parece una broma geográfica, pero tiene una explicación muy terrenal.

Tener el océano al lado no basta para que llueva: hace falta que el aire húmedo ascienda, se enfríe y forme nubes capaces de producir precipitación. En Atacama ocurre casi lo contrario. La circulación atmosférica empuja aire hacia abajo, la corriente de Humboldt enfría la superficie marina y las montañas dificultan la llegada de humedad. El agua está cerca; el mecanismo para convertirla en lluvia, bastante atascado.

El aire baja y el grifo se cierra

Atacama se encuentra en la franja subtropical de Sudamérica, donde predominan condiciones de altas presiones. Esa posición lo emparenta con otros grandes desiertos del planeta: no es casualidad que tantos aparezcan a latitudes parecidas.

La circulación general de la atmósfera ayuda a entenderlo. En las regiones ecuatoriales, el aire cálido y húmedo asciende. A gran altura, parte de ese aire se desplaza hacia los subtrópicos y acaba descendiendo. Es una pieza de la llamada circulación de Hadley.

Al bajar, el aire se comprime y se calienta. Su humedad relativa disminuye y resulta más difícil que el vapor se condense. En vez de alimentar nubes que crecen hacia arriba y descargan agua, ese movimiento favorece una atmósfera estable. Es como poner una tapa sobre la cocina: cuesta que el aire de abajo suba.

El anticiclón del Pacífico Sur mantiene buena parte de esa estabilidad frente a Chile. No prohíbe toda lluvia, pero sí hace que los sistemas capaces de producirla lo tengan difícil. En el núcleo más árido de Atacama, las precipitaciones son extraordinariamente escasas.

Un océano frío puede traer niebla, no lluvia

La corriente de Humboldt transporta aguas frías hacia el norte a lo largo de la costa occidental sudamericana. Además, los vientos favorecen el afloramiento: agua fría de profundidad asciende hasta la superficie. El resultado es un mar más frío de lo que cabría esperar por su latitud.

Una superficie marina fría evapora menos agua que una cálida en condiciones comparables. También enfría el aire que tiene encima. Si ese aire queda bajo una capa más cálida, aparece una inversión térmica: la temperatura aumenta con la altura en ese tramo, al revés de lo habitual.

Esa disposición refuerza la tapa atmosférica. La humedad puede condensarse cerca de la superficie y formar niebla o nubes bajas, pero le cuesta desarrollar las grandes nubes verticales asociadas a muchos aguaceros. El Pacífico aporta humedad sin entregar necesariamente lluvia.

Ahí entra la camanchaca, la niebla costera característica de esta región. Está formada por diminutas gotas suspendidas en el aire. Puede mojar rocas, plantas y cualquier obstáculo que encuentre sin convertirse en un chaparrón que empape el desierto.

Algunas comunidades vegetales de las laderas costeras aprovechan esa humedad. También se recoge agua mediante mallas atrapanieblas: las gotas chocan con los hilos, se juntan y escurren hasta una canaleta. No fabrican lluvia; interceptan agua que ya flotaba en el aire.

Las montañas también hacen de portero

Por el este se levanta otra barrera formidable: los Andes. La cordillera dificulta que la humedad procedente del interior tropical de Sudamérica alcance el desierto occidental. Parte de esa humedad precipita antes de cruzar las montañas.

Por el oeste, la cordillera de la Costa complica el avance de la niebla marina hacia el interior. Así, una ladera puede recibir humedad de la camanchaca mientras una zona situada detrás permanece mucho más seca. Estar cerca del mar y estar expuesto a su niebla son cosas distintas.

Atacama tampoco es uniforme: las zonas altas pueden recibir precipitaciones estivales y hay episodios excepcionales de lluvia. Pero en su corazón hiperárido coinciden demasiadas puertas cerradas. En la costa, una malla puede gotear bajo la niebla mientras, tierra adentro, el suelo sigue esperando una nube que se decida a llover.

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