¿Y tú qué sabes?

📚 Lengua y refranes · 🧐 Mito o realidad

Mito o realidad: la lengua de signos es universal

Las manos también tienen idiomas. En España conviven la lengua de signos española y la catalana, y compartir una lengua oral no garantiza entenderse al signar.

Ahora ya lo sabes3 min de lecturaCon mini-quiz

Dos personas signan frente a frente, con caminos visuales distintos unidos por un pequeño puente.
❌

Veredicto

Mito

España reconoce por ley la lengua de signos española y la lengua de signos catalana desde 2007. Dos lenguas, no dos nombres para lo mismo. Así que el veredicto es falso: la lengua de signos no es universal. Una persona que domine una de ellas no tiene por qué comprender automáticamente la otra, igual que saber castellano no te entrega de regalo el portugués.

La confusión resulta comprensible: si las manos pueden representar objetos y acciones, parece lógico pensar que cualquiera entenderá sus movimientos. Pero una lengua de signos no es una partida de mímica. Y el mundo no ha acordado un único idioma para las manos, por mucho que eso pudiera simplificar los congresos.

Las manos no hacen un doblaje del castellano

Parte del mito nace de confundir los gestos cotidianos con los signos de una lengua. Llevarte una mano a la boca para pedir comida puede funcionar en muchos lugares. Mantener una conversación sobre una hipoteca, una sospecha o lo que habría ocurrido si hubieras perdido el tren exige bastante más.

Las lenguas de signos tienen vocabulario y gramáticas propias. La forma de la mano, su orientación, el lugar donde se realiza el signo y el movimiento pueden distinguir significados. También intervienen la expresión facial y la postura del cuerpo: no son simples adornos teatrales, sino componentes que pueden cumplir funciones gramaticales.

Además, aprovechan el espacio para organizar información. Un signante puede situar referentes en distintos puntos y volver a ellos durante el discurso. Donde una lengua oral encadena sonidos, una lengua de signos combina recursos visuales, algunos simultáneos. No se limita a sustituir cada palabra hablada por un movimiento.

Que ciertos signos se parezcan a aquello que representan tampoco los vuelve universales. Esa semejanza, llamada iconicidad, puede ayudar a interpretar un signo, pero no garantiza entenderlo. Un dibujo esquemático de una bicicleta puede resultar reconocible; una conversación entera no se resuelve pedaleando con los dedos.

Un mapa que no sigue al de las lenguas orales

La lengua de signos española, o LSE, y la lengua de signos catalana, o LSC, son lenguas distintas. La LSC se utiliza en la comunidad signante de Cataluña; la LSE está extendida por buena parte de España. Su reconocimiento conjunto en la Ley 27/2007 refleja una diversidad que el singular «la lengua de signos» suele esconder.

No son versiones gestuales del castellano y del catalán. Tampoco basta con mirar qué idioma oral se habla en un territorio para deducir qué lengua de signos encontrarás allí. Estas lenguas se han desarrollado dentro de comunidades, con sus propias relaciones y su propia historia.

Un ejemplo especialmente revelador une Estados Unidos y Francia. En 1816, el estadounidense Thomas Hopkins Gallaudet regresó de Europa acompañado por Laurent Clerc, un profesor sordo francés. En 1817 abrieron en Hartford, Connecticut, una escuela para alumnos sordos que sería decisiva para el desarrollo de la lengua de signos estadounidense.

La enseñanza de Clerc y las variedades de signos que ya utilizaban los alumnos contribuyeron a ese desarrollo. Por eso la lengua de signos estadounidense tiene vínculos históricos con la francesa, aunque Estados Unidos y Reino Unido compartan el inglés. La estadounidense y la británica son lenguas diferentes: el pasaporte del idioma oral no sirve para cruzar esta frontera.

Signos internacionales: un puente, no un idioma planetario

En encuentros internacionales se emplean los llamados signos internacionales para facilitar la comunicación entre personas que usan distintas lenguas de signos. Ahí aparece otra fuente del malentendido: ver a participantes de varios países comunicarse puede dar la impresión de que todos comparten una lengua universal.

Pero este recurso de contacto no equivale a una lengua materna común a todas las personas sordas. Combina convenciones compartidas con estrategias visuales, gestos y signos que se ajustan a los interlocutores. Su uso requiere experiencia y negociación; no viene instalado de fábrica por el hecho de ser sordo.

Es un puente entre lenguas, no una prueba de que las lenguas hayan desaparecido. En un congreso puedes encontrar ese puente; al salir y conversar con la comunidad local, vuelve a desplegarse el mapa. Las manos también tienen fronteras, aunque no necesiten una aduana.

¿Te ha gustado? Compártelo:WhatsAppX

4 preguntas sobre lo que acabas de leer

¿Te has enterado?

  • ⏱️Tienes 20 segundos por pregunta.
  • 🎲Elige respuesta y apuesta: «ni idea», «creo que sí» o «segurísimo». Cuanto más te la juegas, más ganas… o pierdes.
  • 🤡Cada «segurísimo» fallado sube tu Cuñadómetro.

Fuentes y para saber más

Artículo redactado con ayuda de IA y verificado con fuentes. Cómo lo hacemos · ¿Ves un error? Escríbenos a hola@ytuquesabes.com.

Sigue leyendo

Toda la revista →