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Mito o realidad: el pelo y las uñas siguen creciendo después de morir
Es una de las creencias más repetidas sobre la muerte, y es falsa. Lo que crece de verdad es la impresión de que crecen, y la culpa la tiene la piel.
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Veredicto
Mito
Veredicto rápido: mito. Después de morir, el pelo y las uñas no crecen ni un milímetro. Lo que ocurre es un truco óptico bastante macabro, pero muy explicable.
La creencia está muy extendida y ha alimentado novelas, películas y alguna que otra noche de insomnio. Una de las referencias literarias más citadas es Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque (1929), donde el narrador imagina que a un compañero muerto le seguirán creciendo las uñas en espiral, como sacacorchos. Es literatura, no un informe de autopsia.
El truco de la piel que se encoge
Cuando el corazón se detiene, la piel deja de recibir riego y empieza a perder agua por evaporación, es decir, a deshidratarse. Al secarse, se contrae y se retrae.
En las uñas, el efecto es claro: la piel de la punta de los dedos se recoge y deja al descubierto una franja de uña que antes quedaba tapada. La uña parece más larga porque ahora se ve más superficie, no porque haya crecido.
Con el pelo de la cara pasa algo parecido. La piel alrededor de los folículos se retrae y la barba parece más áspera y más larga, como la sombra de las cinco de la tarde, pero sin tarde. Por eso a quien ha visto un cadáver puede darle la impresión de que «le ha salido más barba».
Qué necesita un pelo para crecer
El pelo es una estructura formada sobre todo por queratina. La parte que vemos, el tallo, está ya muerta. La que trabaja está escondida bajo la piel: el folículo, donde las células se dividen y empujan hacia fuera lo que se acaba convirtiendo en cabello.
Con las uñas sucede algo equivalente. La uña es una lámina de queratina que se fabrica en la matriz, situada bajo la piel en la base. Allí las células proliferan, se llenan de queratina y se compactan, y la lámina avanza hacia delante.
Y ese trabajo cuesta energía. Dividir células requiere:
- Glucosa, el combustible básico.
- Oxígeno, para aprovecharlo.
- Sangre circulando, que lo lleve todo hasta la raíz y retire los desechos.
Sin corazón no hay riego, y sin riego las matrices y los folículos se quedan sin suministros. Dejan de dividirse en poco tiempo y la fábrica cierra.
Por qué el mito es tan pegajoso
Primero, porque la impresión visual existe y es real, aunque la explicación sea otra. Segundo, porque en vida el crecimiento es lento, continuo y casi invisible, así que nos parece una fuerza imparable. Y tercero, porque resulta una idea estupenda para una historia de terror.
Hay incluso una paradoja simpática: lo que llamamos «pelo» es en su mayor parte material muerto desde que sale del folículo. Cortarte el pelo no duele por esa razón. Lo vivo siempre ha estado debajo, y es justo lo que se apaga.
Así que, si alguna vez ves un cuerpo con las uñas «más largas», no es que sigan avanzando. Es la piel, que se ha ido replegando, como un telón que se recoge para dejar ver lo que siempre estuvo detrás.



