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Cuando tirar de una cuerda daba medallas olímpicas

Policías londinenses, botas bajo sospecha y equipos de varios países: durante cinco ediciones, el podio también se conquistó a tirones.

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Ilustración de dos equipos de policías tirando de una cuerda en un estadio de principios del siglo XX.

Londres, 1908. A un lado de la cuerda, policías de la City de Londres; al otro, policías de Liverpool. Se están jugando una medalla de oro olímpica. No tienen que correr más deprisa ni saltar más alto: necesitan arrastrar a sus rivales. Las botas se afianzan en el terreno, los cuerpos se inclinan y la cuerda transmite el esfuerzo de una fila a la otra.

Ganaron los londinenses. Pero aquella competición dejó algo más que un resultado: un podio enteramente británico y una protesta estadounidense por el calzado de Liverpool. El tira y afloja no era una exhibición pintoresca entre pruebas importantes. Fue un deporte olímpico en cinco ediciones, desde París 1900 hasta Amberes 1920. Y algunos de sus especialistas patrullaban las calles cuando no estaban defendiendo una cuerda.

París 1900: un oro compartido entre dos países

Los Juegos de París de 1900 se celebraron dentro de la Exposición Universal, con las competiciones repartidas a lo largo de varios meses. El programa todavía estaba lejos de la estructura que conoces: había espacio para el críquet, el croquet y una prueba que podía organizarse con una cuerda, terreno suficiente y unos cuantos brazos dispuestos.

El primer torneo olímpico de tira y afloja tuvo solo dos equipos, de seis integrantes cada uno. Uno era francés; el otro reunía a tres daneses y tres suecos. Venció el conjunto escandinavo, que hoy figura en los registros olímpicos como equipo mixto. Aquí «mixto» significa que combinaba nacionalidades, no hombres y mujeres.

Ese detalle te sitúa en otra época del olimpismo. Las delegaciones nacionales no funcionaban siempre como bloques cerrados, y los clubes tenían mucho protagonismo. Una medalla podía acabar en manos de deportistas de varios países que habían tirado juntos. Antes de que las ceremonias de banderas se convirtieran en una imagen familiar, la cuerda ya había unido a vecinos escandinavos.

En San Luis 1904, los equipos mantuvieron el tamaño de seis hombres. Los estadounidenses ocuparon las tres posiciones del podio y el oro fue para el Milwaukee Athletic Club. El número de integrantes no se mantendría fijo: en Londres 1908 los equipos pasarían de seis a ocho hombres.

La policía británica se lleva el podio

En Londres 1908, los equipos pasaron a tener ocho integrantes. Los británicos presentaron tres conjuntos vinculados a cuerpos policiales: la Policía de la City de Londres, la de Liverpool y la división K de la Policía Metropolitana. Terminaron con el oro, la plata y el bronce, respectivamente. Un pleno de comisaría.

No eran ocho hombres elegidos al azar para aprovechar una mañana libre. El tira y afloja tenía una tradición competitiva en clubes y cuerpos policiales británicos, y aquellos equipos sabían trabajar juntos. Entre los campeones londinenses estaban Frederick Humphreys y Edwin Mills, dos nombres que volverían a aparecer en los podios olímpicos.

La participación de policías también encaja con las condiciones del deporte de entonces. Muchos atletas compaginaban su ocupación con los entrenamientos, y los equipos se formaban alrededor de instituciones que reunían a sus integrantes regularmente. Compartir lugar de trabajo facilitaba lo que la cuerda exigía: practicar con los mismos compañeros.

La postal resulta irresistible: hombres acostumbrados a mantener el orden, intentando que ocho rivales perdieran pie. Pero la competición no era una broma. Detrás de aquellos resultados había preparación, técnica y una ventaja que podía empezar bastante más abajo de los bíceps: en las suelas.

Las botas que acabaron bajo sospecha

El enfrentamiento entre Estados Unidos y Liverpool en 1908 provocó una protesta por el calzado de los británicos. Los estadounidenses consideraban que sus botas les daban una ventaja indebida. El equipo de Liverpool defendió que se trataba del calzado habitual de servicio policial, y la reclamación no prosperó.

No hace falta convertir el episodio en una conspiración para entender el enfado. En el tira y afloja, la fuerza solo sirve si puedes transmitirla al suelo. Por mucho que aprietes los músculos, si tus pies resbalan acabarás viajando hacia el contrario. Un mejor agarre puede cambiar el resultado sin que ninguno de los participantes sea más fuerte.

La física tiene aquí una expresión muy visible. La cuerda te arrastra hacia delante y tú empujas contra el terreno con los pies. El rozamiento permite sostener la posición y avanzar hacia atrás. Es la misma razón por la que cuesta mover un mueble pesado sobre una alfombra y resulta mucho más fácil deslizarlo por un suelo liso.

También cuenta el ritmo. Ocho tirones desacompasados no equivalen a un esfuerzo colectivo bien coordinado: unos pueden perder la postura mientras otros intentan recuperarla. El equipo necesita mantener la tensión y moverse como una unidad. No basta con reunir a ocho personas enormes y comunicarles que hay una medalla al otro extremo.

Estocolmo y Amberes: la última cuerda olímpica

En Estocolmo 1912, el torneo quedó reducido a dos equipos participantes: Suecia y Gran Bretaña. Los suecos se impusieron al conjunto de la Policía de la City de Londres. Para Humphreys y Mills, campeones cuatro años antes, aquello significó cambiar el oro por la plata.

Después llegó la Primera Guerra Mundial, que impidió celebrar los Juegos previstos para Berlín en 1916. Cuando la competición olímpica regresó en Amberes, en 1920, también regresó el tira y afloja. Los británicos recuperaron el título; los Países Bajos lograron la plata y Bélgica, el bronce.

Humphreys y Mills cerraron así una trayectoria poco corriente: oro en 1908, plata en 1912 y otro oro en 1920. Habían pasado doce años entre su primera victoria y la última. Su especialidad desaparecería del programa antes de que pudieran volver a defenderla.

En París 1924 ya no hubo tira y afloja. Su recorrido olímpico terminó con cinco torneos, celebrados en una etapa en la que el programa todavía incorporaba y descartaba disciplinas. Compartió ese destino con otras pruebas que hoy parecen visitantes inesperadas de los Juegos, como el croquet.

Cuatro metros que pueden parecer una eternidad

Fuera de los Juegos Olímpicos, la cuerda siguió tensándose. El tira y afloja cuenta con una federación internacional, fundada en 1960, campeonatos y presencia en los Juegos Mundiales. La modalidad actual utiliza equipos de ocho y categorías basadas en el peso conjunto de sus integrantes. La báscula también forma parte del partido.

En la competición moderna, el objetivo es arrastrar al contrario cuatro metros. Parece poca distancia: aproximadamente la longitud de un coche. Pero al otro lado hay ocho personas dedicadas a impedir que recorras siquiera unos centímetros. Las reglas y las distancias de las antiguas pruebas olímpicas no fueron idénticas a las actuales.

El último oro olímpico de esta disciplina sigue siendo el de Amberes 1920. Quedó al final de una cuerda, en manos de un equipo de policías: para subir al podio, primero tuvieron que caminar hacia atrás.

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